El empresario
Una de las primeras cosas que pensamos cuando
surge en nosotros el instinto emprendedor es que queremos dejar de trabajar y
ser nuestros propios jefes, así que se nos viene a la mente la siguiente
frase "Si yo tuviera mi empresa, seria yo mi propio jefe y no tendría que
preocuparme por tener que ir a trabajar y rendirle cuentas a nadie" o al
menos esa sería una aproximación de lo que la gran mayoría cree. Sin embargo
cuando nos enfrentamos a la realidad el escenario es completamente diferente. El
instinto del emprendedor tiene tres caras en la realidad o es emprendedor,
administrador o técnico.
La problemática que se presenta es que el propio
emprendedor no lo sabe, sucede que la persona es posiblemente demasiado bueno en
lo que hace y por eso decide ser independiente y montar su propio negocio, un día
empieza en su casa o con los ahorros con los que cuenta renta un local se
instala y espera a que los clientes lleguen. Aquí pueden suceder dos escenarios
o la gente le da la confianza a esta persona y le puede ir muy bien por algún tiempo,
sin embargo con el crecimiento de su negocio puede hacer que la persona le
dedique mayor tiempo a atender a los clientes y no atienda lo que
verdaderamente importa que es trabajar sobre negocio y no en él, de esta forma
el emprendedor termina trabajando todo el tiempo y posiblemente sus expectativas
de lograr la ansiada libertad financiera se vean opacadas. En el segundo caso la
persona no consigue impactar en el publico por lo que termina prontamente
frustrado, en ambos casos el escenario suele terminar de la misma forma
haciendo que el emprendedor pierda el interés por su negocio.
Antes de iniciar su proyecto el emprendedor debe
de identificar cuáles son sus cualidades principales que lo caracterizan, además
debe poner en orden sus ideas y una vez hecho el análisis tiene que encontrar
un equilibrio entre el emprendedor, el administrador y el técnicos.
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