jueves, 8 de enero de 2015

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El empresario
Una de las primeras cosas que pensamos cuando surge en nosotros el instinto emprendedor es que queremos dejar de trabajar y ser nuestros propios jefes, así que se nos viene a la mente  la siguiente frase "Si yo tuviera mi empresa, seria yo mi propio jefe y no tendría que preocuparme por tener que ir a trabajar y rendirle cuentas a nadie" o al menos esa sería una aproximación de lo que la gran mayoría cree. Sin embargo cuando nos enfrentamos a la realidad el escenario es completamente diferente. El instinto del emprendedor tiene tres caras en la realidad o es emprendedor, administrador o técnico.
La problemática que se presenta es que el propio emprendedor no lo sabe, sucede que la persona es posiblemente demasiado bueno en lo que hace y por eso decide ser independiente y montar su propio negocio, un día empieza en su casa o con los ahorros con los que cuenta renta un local se instala y espera a que los clientes lleguen. Aquí pueden suceder dos escenarios o la gente le da la confianza a esta persona y le puede ir muy bien por algún tiempo, sin embargo con el crecimiento de su negocio puede hacer que la persona le dedique mayor tiempo a atender a los clientes y no atienda lo que verdaderamente importa que es trabajar sobre negocio y no en él, de esta forma el emprendedor termina trabajando todo el tiempo y posiblemente sus expectativas de lograr la ansiada libertad financiera se vean opacadas. En el segundo caso la persona no consigue impactar en el publico por lo que termina prontamente frustrado, en ambos casos el escenario suele terminar de la misma forma haciendo que el emprendedor pierda el interés por su negocio.
Antes de iniciar su proyecto el emprendedor debe de identificar cuáles son sus cualidades principales que lo caracterizan, además debe poner en orden sus ideas y una vez hecho el análisis tiene que encontrar un equilibrio entre el emprendedor, el administrador y el técnicos.